Y, sin embargo, no sentimos nada.
Vivimos con esta realidad permanentemente, sin siquiera pensar en ella.
Es una buena manera de recordar que el mundo que nos rodea suele ser mucho más complejo de lo que percibimos.
Observar no siempre basta.
También hay que comprender lo que es invisible, lo que actúa en profundidad y lo que escapa a lo evidente.
Comprender el mundo que nos rodea para anticipar su evolución.
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